El Nacional
Milagros Socorro
 En un segundo la expresión de ira y desagrado, como de estar en presencia de un olor de hiriente acritud, pasa a una carcajada súbita; una risa instantánea, ensayada y muy falsa, como del Batazo de la suerte, como de chica de la lotería, forzada, vaciadas de alegría. Y, como suele suceder con esas carcajadas de utilería, tan rápidamente como fueron fingidas, se disuelven en el ric tus de malestar impreso en el rostro de los falsarios.
La circunstancia que originó la simulación de risa fue una afirmación de Chávez, en su mitin del miércoles en Petare, en el sentido de que cierto candidato de oposición andaba diciendo que trabajaría en cooperación con él (con el jefe del Estado) sin importar las diferencias. Al oír esto, uno de los bacalaos que el Presidente había ido a echarse al hombro, desencajó la mandíbula en un gesto postizo para expresar lo extravagante que le parecía que un político opositor quisiera trabajar en conjunto con el poder central o con los que haga falta, en beneficio del estado que gobernará de ser electo. Y uno se pregunta: qué es lo risible en esa declaración.
Dónde está la excentricidad de un aspirante a gobernador que, el mismo día que ha sido insultado por el Presidente, le responde con una oferta de trabajo en conjunto; en el entendido de que fuera de eso lo que hay es caos, duplicación de los esfuerzos, dispendio de los recursos, en suma, atraso y perjuicio para las comunidades.
En reiterada demostración de degradación de su investidura, el presidente Chávez ofendió al país, denigrando de los abanderados de oposición, cuando compareció en Petare para hacerle la tarea a sus postulantes a los cargos de Miranda (como esas madres que se arrojan a las piñatas a coger coroticos para el hijo timorato o muy pequeño para meterse en contienda tal). Mientras su Gobierno es blanco de señalamientos de inmensa gravedad, que cubren el espectro que va de las violaciones de derechos humanos hasta la corrupción en grado sumo, lo que Chávez enarbola para atacar a los contendores de sus muchachos, arrebujados detrás de él, es que son hijos de papá y riquitos.
Cuál es la mancha de alguien que ha contado en su desarrollo con la presencia del padre.
Qué trayectoria tenía Rangel Ávalos para convertirse en la ficha de Chávez para la Alcaldía de Sucre, si su única insignia era ser hijo de José Vicente Rangel, quien jamás ha minimizado su impronta paternal ni se ha hecho el loco frente a la obligación filial.
Y qué pasa si los políticos profesionales cuentan con medios de fortuna, heredados o amasados por propio esfuerzo. Malo es que quien fuera un candidato limpio sea ahora un mandatario forrado, como algunos de los que se acurrucaban al lomo de Chávez ese día en Petare.
En aquel torneo de falso fervor oratorio, Chávez dejó a sus protegidos como unos aficionados en materia de arengas impostadas cuando, elevando la voz y manoteando, aseguró que ninguno de los candidatos de oposición es negro, ni ha vivido la pobreza de Petare. Pero mencionó la pobreza de Peta re con el énfasis que se aplicaría a algo noble, algo tremendamente retador, un desafío para almas excepcionales. Es como si hubiera dicho: ningún candidato de oposición se ha quemado las pestañas para prepararse. En vez de eso, dijo que ninguno de ellos ha vivido la pobreza de Petare, una realidad que debería ser una vergüenza para quien tiene una década en el poder sin aliviar en un ápice las precariedades de esa barriada. Nadie debería vivir las penurias de Petare, cuya desgracia es imputable a un Estado ausente, incompetente frente al hampa, insensible ante la tragedia de las familias petareñas sitiadas por la crisis de los servicios y por la delincuencia. Cuál es el mérito de haber vivido la pobreza de Petare. Ninguno. Es una condena.
Una gran injusticia. Una pavorosa exclusión, que Chávez no ha movido un dedo para remediar y que su larga hegemonía ha empeorado.
La oposición democrática señala a Chávez y a sus cómplices de corruptos, ineficientes, dilapidadores de los recursos de las futuras generaciones de venezolanos, fiadores de quienes andan por el mundo con maletines repletos de dinero de la nación, encarnaciones de una autocracia militar... y la respuesta del régimen es la risa de Jorge Rodríguez. Lo mismo que prodigaron la víspera del referéndum de diciembre pasado... cuando el pueblo no estaba para muecas.
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