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jueves, 22 de mayo de 2008 |
TalCual
Teodoro Petkoff
En todo este lío de las computadoras hay varias cosas que llaman poderosamente la atención. La primera, la curiosa circunstancia de que quienes están más directamente involucrados en el affaire, que son los dulces guerreros de las FARC, no se han sentido obligados a decir ni una palabra sobre el asunto. A lo mejor es porque cosas como la entrega de la comandante "Karina", el asesinato de Iván Ríos, miembro del Secretariado, a manos de uno de sus subalternos, y sobre todo la muerte de Raúl Reyes, revelarían que los jefes no han podido reunirse para discutir el tema y emitir una declaración. Pero, sea por lo que sea, la verdad es que el asunto es tan gordo que ya el silencio de las FARC nos está dejando sordos.
El otro dato curioso es la prudencia con la cual están actuando los
integrantes del ALBA. Prudencia que va desde un silencio tan estentóreo
como el de las FARC por parte del Gobierno cubano, hasta la discreción
de Evo Morales y alguna solitaria declaración de Daniel Ortega,
visiblemente emitida por compromiso con su benefactor.
Interesante, ¿no? Lo de los cubanos se comprende perfectamente. Desde
hace algún tiempo, nuestras fuentes cubiches nos hablan de la
consternación que reina en las esferas diplomáticas cubanas con los
desmanes de Chacumbele. Desde que hace varios meses el Ministerio de
Relaciones Exteriores cubano pidió al Gobierno venezolano que retirara
a su representante en Naciones Unidas, Fermín Toro, porque según y que
era algo así como un elefante en una cristalería (en lo cual fue
complacido por nuestro Gobierno, que se trajo a Toro), los responsables
de la política exterior cubana –cuya sofisticación y profesionalismo
son proverbiales– viven con las manos en la cabeza ante las "jugadas"
de Chacumbele. De paso, las relaciones entre Cuba y Colombia son
excelentes. No por casualidad, es en Cuba donde el Gobierno colombiano
y el ELN adelantan sus conversaciones.
A todas éstas, ¿el Gobierno de Mr. Bush no podría entender que lo mejor
que puede hacer con respecto a Venezuela es mantener sus patotas fuera
de aquí? Maromas como las del avión supuestamente desorientado sobre La
Orchila se las hemos visto tantas veces a los gringos que ya sabemos
bien cuál es su significación. Es raro que no se hayan dado cuenta de
que ese tipo de maniobras son totalmente contraproducentes. La
situación venezolana es de nuestra estricta incumbencia y en este
drama, como en el dominó, los mirones son de palo.
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