La Cancillería venezolana para el 2008 contempla $193 millones para intensificar las actividades de Venezuela en todo el mundo.
The Miami Herald
Pablo Bachelet
 Cuando la embajada venezolana en Estados Unidos y CITGO lanzaron recientemente un programa de suministro de combustóleo para calefacción con descuento para los pobres, la maquinaria publicitaria del presidente Hugo Chávez entró en acción. El programa se lanzó en la modesta casa de Safronia Holland, una afroamericana que CITGO describió como ''una abuela de 67 años que batalla con precios cada vez más altos del petróleo''. Los niños agitaban banderas venezolanas y los diplomáticos venezolanos sonreían ampliamente. Había comida y muchos medios de prensa.
Aunque Chávez generalmente arremete contra ''el imperialismo''
estadounidense, también invierte más de $70 millones en mejorar su
imagen desde Washington a Alaska. Su embajada, una de las más activas
de Washington, trabaja con docenas de grupos que favorecen su
revolución izquierdista bolivariana. Y su programa de combustible para
calefacción ha beneficiado a decenas de miles de pobres e indios
norteamericanos.
Ciertamente, en la historia reciente no hay ningún país latinoamericano
que haya invertido tanto dinero y esfuerzo por cambiar la percepción
--mayormente negativa-- de su gobierno como resultado de la retórica de
Bush contra Chávez, su amistad con Cuba e Irán y las dudas sobre su
compromiso con la democracia.
La llamada revolución de Chávez, impulsada por el petróleo, lo ha
convertido en una figura tanto admirada como detestada en su propio
país, ha hecho avanzar su posición como mentor izquierdista de líderes
como el presidente boliviano Evo Morales y el primer mandatario
nicaragüense Daniel Ortega-- y ha ofrecido cuantiosos fondos para
cabildear a nivel comunitario en EEUU.
''Yo no diría que es antinorteamericano. Sin embargo, está claramente
contra la hegemonía de Estados Unidos'', dijo Kenneth Roberts, profesor
de Estudios Latinoamericanos en la Universidad Cornell. Tiene esta
visión estratégica de redistribución de poder en asuntos globales,
tiene una visión más fuerte que cualquier otro líder de su generación''.
Fiel a su política populista, Chávez ha tratado de llegar directamente
al pueblo estadounidense, en lugar del método tradicional de cabildear
a los congresistas.
Un borrador del presupuesto de la Cancillería venezolana para el 2008
contempla $193 millones para intensificar las actividades de Venezuela
en todo el mundo. Es una suma grande que no incluye el sueldo de los
diplomáticos y otros gastos de rutina.
El documento, obtenido por The Miami Herald , afirma que la Cancillería
desea estimular en EEUU ''intercambios con movimientos sociales'', dar
a conocer la posición de Venezuela a través de ''medios alternativos de
comunicación'', aumentar su apoyo a ''sectores excluidos de la sociedad
norteamericana'' y promover ``grupos solidarios con la revolución
bolivariana''.
No obstante, esos grupos prochavistas son todavía pequeños. Una
presentación privada de la Red de Solidaridad con Venezuela el primero
de diciembre en Washington de un documental sobre la victoria de Chávez
en un referendo revocatorio atrajo menos de una docena de personas.
Los primeros grupos prochavistas en EEUU surgieron en el 2002, cuando
el gobierno del presidente Bush enfrentó acusaciones --rechazadas con
fuerza-- de que había respaldado un golpe contra Chávez ese año. Hoy,
tres redes de solidaridad se mantienen activas, a veces dirigidas y
apoyadas por estadounidenses que participan en una amplia gama de
actividades izquierdistas.
Chuck Kaufman, veterano de la oposición a la política estadounidense en
Nicaragua en los años 80, fundó Venezuela Solidarity Network, con sede
en Washington, mientras que Alan Woods, editor de la publicación En
Defensa del Marxismo, creó el grupo Hands Off Venezuela, con sede en
Minneapolis.
Kaufman dice que tiene filiales en Filadelfia, Pittsburgh, San
Francisco y Houston y 2,000 contactos por correo electrónico para su
''red de reacción de emergencia'' que alerta a los activistas de
posibles medidas del gobierno de Estados Unidos contra Chávez.
El coordinador de la región este de Venezuela Solidarity Network,
Banbose Chango, dice que apoya varias causas cubanas, como Libertad
para los Cinco, una campaña que busca la liberación de cinco espías
cubanos que cumplen condenas en EEUU.
También están las versiones estadounidenses de los grupos de
voluntarios prochavistas conocidos como Círculos Bolivarianos, poco
coordinados entre sí, lo que dificulta determinar cuántos están
activos. William Camacaro, que dirige uno en Nueva York, dice que éstos
existen en muchos grandes centros urbanos, como Houston, Los Angeles,
Boston y Chicago. También hay uno en Miami. ''Tratando de contrarrestar
la propaganda en los principales medios de comunicación contra el
gobierno venezolano'', dijo Camacaro.
El embajador venezolano en Estados Unidos, Bernardo Alvarez, que
frecuentemente viaja por todo el país en defensa de las políticas de
Chávez, también sostiene que el cabildeo es mayormente defensivo porque
los enemigos de Chávez quieren que Washington imponga sanciones más
fuertes, como las impuestas a Cuba.
El gobierno del presidente Bush canceló casi todos los programas de
asistencia y venta de armas a Venezuela, alegando que Caracas se ha
negado a cooperar en temas como el narcotráfico y el terrorismo.
''El nuestro tiene una visión alternativa que ha sido demonizada'',
dijo Alvarez a The Miami Herald. ``Lamentablemente, debemos coexistir
con una administración --partes de una administración-- que después de
los hechos del 11 de septiembre del 2001 revivieron la Guerra Fría en
su forma más brutal''.
Alvarez también ha promovido el programa subvencionado de combustible
para calefacción que maneja la organización sin fines de lucro Citizens
Energy, con sede en Boston, y CITGO, filial de la estatal Petróleos de
Venezuela, que tiene varias refinerías y 8,000 gasolineras en
franquicia en EEUU.
Calificándolo del mayor programa social en la historia de una empresa
petrolera, CITGO distribuyó 66 millones de galones de combustóleo el
invierno pasado y espera duplicar la cifra este invierno para llegar a
220,000 núcleos familiares en Estados Unidos. Citizens Energy calcula
que cada vivienda pudiera ahorrar $320.
CITGO, que no opera en Alaska, también ha donado más de $5 millones a
organizaciones de indios americanos de Alaska, el costo estimado de 100
galones de combustóleo para cada uno de 12,000 núcleos familiares.
Además, la empresa donó $3.3 millones a grupos comunitarios en el
Bronx, y Alvarez afirma que se estudian donaciones similares en otras
zonas.
Todo esto le da a Chávez una fuerte presencia en Estados Unidos, donde
su asistencia llega a 23 estados, además de 200 tribus de indios. El
programa de combustóleo incluso recibió el aplauso del secretario de
Energía, Samuel Bodman, quien le declaró a la agencia de noticias
Reuters que quisiera que ``más empresas hicieran lo mismo''.
Pero los vínculos de CITGO con Chávez también han provocado
exhortaciones a boicotear sus gasolineras, como una valla de publicidad
de un empresario de Alabama, en que se ve una foto de Chávez con el
logotipo de CITGO y un texto que pide no comprar gasolina en CITGO.
Algunos en Alaska han rechazado la asistencia de CITGO.
Joseph P. Kennedy, fundador de Citizens Energy e hijo del ex senador
Robert Kennedy, no pidió disculpas por aliarse con Chávez durante el
lanzamiento en la residencia de Holland el mes pasado. El gobierno
estadounidense, dijo, mantiene relaciones con países acusados de abusos
a los derechos humanos, como China y Arabia Saudita.
''No escucho que tome medidas contra estos países por sus políticas'', dijo. ``Sólo les pido que sean justos y razonables''.
Chávez no ha dejado a un lado completamente el cabildeo tradicional.
Hace cuatro años, la embajada venezolana contrató a Patton Boggs, un
poderoso grupo de cabildeo de Washington, pero el acuerdo duró sólo
unos pocos meses. Alvarez declinó ofrecer detalles sobre la separación.
Y según documentos presentados ante la unidad de Inscripción de Agentes
Extranjeros del Departamento de Justicia, entre el 2004 y principios
del 2007, la embajada venezolana pagó entre $3,000 y $15,000 mensuales
a Segundo Mercado-Lloréns, miembro de los Carmelitas Descalzos
convertido en cabildero, para mejorar sus capacidad interna de presión,
como la capacitación de diplomáticos venezolanos.
Buena parte del trabajo de cabildeo depende de la Oficina de
Información de Venezuela, creada en el 2004 en calidad de entidad
semiautónoma de la embajada para labores de activismo. La embajada
gastó poco más de $1 millón en esa oficina en los 12 meses que
terminaron el 31 de agosto del 2007, según documentos presentados ante
el Departamento de Estado. La Oficina emplea a un puñado de activistas
que cobran de $30,000 a $60,000 al año.
Según los libros de la Oficina correspondientes a ese período, el grupo
hizo 342 contactos con organizaciones no gubernamentales por teléfono,
correo electrónico o en persona, con periodistas, funcionarios locales,
académicos y estudiantes.
Muchos periodistas recibieron mensajes electrónicos ''sugiriendo ideas
para un periodismo equilibrado''. La Oficina también pide a los
activistas que se quejen de supuestos prejuicios en la prensa. Un
mensaje del 2006 se quejaba de la ''extrema hostilidad hacia
Venezuela'' por parte de The Washington Post e incluía un enlace para
''hacer sentir su voz'' en el periódico. También emitieron alertas
dirigidas a The Miami Herald, The Denver Post y otros periódicos.
La Oficina contactó sólo a ocho oficinas en el Congreso federal, donde parece que el Chávez tiene nuevos amigos.
Durante una visita a Caracas la semana pasada, el representante William
Delahunt, demócrata por Massachusetts, quien participó en un grupo de
legisladores estadounidenses y venezolanos creado en el 2003 para
aliviar las tensiones bilaterales, apoyó los esfuerzos de Chávez para
liberar a rehenes de las FARC y dijo que las relaciones entre ambos
países exigen ``respeto mutuo''.
El representante José Serrano, demócrata por Nueva York, alabó a Chávez
por la asistencia a los estadounidenses pobres después que Chávez
visitó el Bronx y Harlem para lanzar su programa de combustóleo.
Pero la mayoría de los grupos liberales tradicionales, como MoveOn.org,
ignoran a Chávez y una resolución aprobada por el Congreso el año
pasado para condenar la decisión el año pasado de sacar del aire un
canal de televisión de la oposición, fue respaldada por los senadores
Hillary Clinton, Barack Obama y Christopher Dodd.
Pero el embajador Alvarez afirma que ha avanzado. ''Hemos podido
contener gradualmente los elementos más derechistas, que salieron a
buscar una condena en el Congreso'', afirmó.
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